Una mañana más que sabe a una mañana menos. No sé cómo hemos llegado aquí pero salgo corriendo de casa antes de que Elvira salga de la ducha. Siento que necesito un momento para mi. Ella sabe dónde encontrarme, somos animales de rutinas.
Bajo las escaleras del edificio acariciando con la mano la barandilla, notando cada estría de la madera en una falsa búsqueda de seguridad. Solo me llevo el polvo y el pensamiento de que en el fondo, todo está agrietado. Abro la puerta metálica que conduce a la calle, hoy parece que pesa más que ayer. Sin mucha vuelta me meto en el bar de al lado, todo un clásico del barrio y del país en general, Casa Manolo. Como todos los Casa Manolo no decepciona. Mugre, olor a fritanga y un Paco detrás de la barra. Paco es todo un personaje. A Elvira y a mi nos gusta el bar principalmente por Paco, siempre capaz de arrancarnos una sonrisa sin siquiera intentarlo. Hoy necesito esa sonrisa.
Me siento en la barra, “qué asco por Dios” está toda pegajosa, aún no sé cómo me sigo sorprendiendo, Paco no limpia nunca el local, siempre dice que la mujer de la limpieza no ha podido ir porque o bien se le ha muerto el cocodrilo que tiene en la bañera o acaba de hacerse la manicura y no es día de limpieza. Vuelvo a esta realidad sombría y le pido un café tostadito para mi y un café con leche de soja para “la princesa”. Princesa… me quedo atrapado en esa palabra. ¡Qué lejos está Elvira de las princesas de Disney” Nunca vi ni tan siquiera a Rapuncel hablarle al príncipe de poliamor y su necesidad de explorar otras opciones románticas. Siento desde ayer que me están creciendo unos cuernos robustos que he aceptado con más dudas que dignidad.
Aquí entra Elvira, a quien Paco saluda como si estuviera metido de lleno en la película de La Vida es bella. Tal vez para Elvira hoy la vida sea bella, para mi la vida tal y como la conocía está abofeteada y supura resignación. Aún con el pelo mojado, se sienta a mi lado y retoma la conversación de ayer. Es imposible que se dejara algo por decir. Por suerte en ese momento entra uno de los locos del barrio por la puerta y saluda cantando. De este modo, Paco estará entretenido, porque el tío petardo está siempre con la oreja pegada a cualquier conversación, tan pegada como se queda cualquier persona a la barra. Dejo hablar a Elvira, no tengo ganas de volver a llorar, de volver a sufrir, es más no tengo ganas de volver a sentir el peso de esos cuernos, que más que de toro, recuerdan a los de una vaquilla
-Te quiero, no te olvides de que te quiero, y no ya igual que ayer, sino más, porque me entiendes, porque me respetas, porque somos uno aunque yo quiera a más de uno. El amor que siento es tan grande. Roberto no tiene nada que ver contigo, no competís, entiende una parte de mi que es posible que ni conozcas y tu… tu eres yo, eres ternura, eres amor, pero no el único amor. El amor es amor y no entiende de números. Estaba pensando que para que entiendas cómo siento lo que siento te pongas en el supuesto en el que alguien te pregunta si quieres más a tu madre o a tu padre. ¿Verdad que no hay respuesta? ¿Verdad que un amor no excluye a otro? Pere, te quiero tanto, tantísimo. El amor es amor y no debemos resignarnos, no debemos limitarnos.
Límites dice la “princesa”, límites los que no tiene ella. Me ha soltado esa perorata y necesito cogerme a lo que conozco, recuperar mi sensación de equilibrio. Pongo mi mano sobre la suya. Yo también la quiero. Se levanta y nos besamos, su beso sabe a disculpa, mejor dicho a culpa. Mi beso sabe a miedo. Con tanta amargura del café mezclada, no sé como esto puede llegar a funcionar. Se va y me deja solo, esta noche no dormirá en casa, y yo debo aceptarlo o… ¿o qué?
Entonces, es el momento estelar de Paco quien entra a darme conversación sobre lo que ha podido rascar que comentábamos con Elvira ”¿Qué? la mujer se va hoy de picos pardos? Cómo les gusta a las mujeres ir de picos pardos, ir a pasar la noche fuera con las amigas. A estas edades y siguen haciendo noches de piyama. Véte tu a saber qué hacen esas noches. Yo siempre se lo pregunto a la Angelines. Siempre, siempre me contesta el ná de ná de quien no sabe cómo contestar. Como mucho dice que hablan, ¿de qué hablará? Tanto rato hablando… Si para decir algo siempre podemos resumir ¿Elvira dice que hablan? Yo creo al final que lo de resumir va a ser cosa de hombres”
Cómo le gusta hablar a Paco, por dentro sonrío pero no consigo más que ser trascendental y le respondo lo que me gustaría que me hubieran dicho a mi antes de llegar a este punto: “Ai Paco cuanta razón, así que como buen resumidor te diré, escucha bien a las mujeres, ellas cuando hablan, deciden, así que si las escuchas hablar entenderás las decisiones”
Ejercicio del Ateneu Barcelonés- Narrador Protagonista
Narrador protagonista vs Narrador testigo
Verdades a medias
Si algo tengo que me defina, no es mi belleza adonítica, sino las manchas en el mandil y una gran devoción por los chismorreos de mis clientes. Mientras medito intensamente sobre lo bien le queda a la barra esa barniz pegajoso que le otorgaron los líquidos desparramados en el servicio de ayer entra Pere, que…
