Verdades a medias

Si algo tengo que me defina, no es mi belleza adonítica, sino las manchas en el mandil y una gran devoción por los chismorreos de mis clientes. 

Mientras medito intensamente sobre lo bien le queda a la barra esa barniz pegajoso que le otorgaron los líquidos desparramados en el servicio de ayer entra Pere, que escondido tras unas gafas inmensas y su barba longitudinal de mantenimiento aristocrático, es el primer cliente del día y el moderno fijo del barrio. 

Se sienta en la barra y apoya los brazos en la madera y los aparta rápidamente con cara de asco. No entiendo por qué, personalmente creo que el olor a anís que desprende la barra le da un toque de categoría al local, que eso sí, se lo quita los palillos en el suelo. Sea como sea y, mientras se cambia a una mesa, imagino que esperando una mejor suerte, me pide un café solo, bien tostadito. Bien tostadito dice el pazguato, ¿qué se piensa, que estoy yo aquí de madrugada soplando fuego sobre maderas para que tuestar su cafelito? También me pide un café con leche de soja “para la princesa”. La soja esta la compro para ella, feliz de la vida, tengo debilidad por la muchacha. No entiendo cómo estos chicos modernos, altos y escuálidos, con las llamadas gafas de pasta (para mi sorpresa, ni espaguetis, ni macarrones), se llevan a chicas tan increíbles como Elvira, quien ahora entra por la puerta con la melena castaña que aún gotea de la ducha de casa. Me saluda con una sonrisa de oreja a oreja, y como en aquella película de alemanes le respondo “Buenos días Principessa”. ¡Qué maja es esa chica! Si mi madre aún viviera me hubiera dicho, “Paquito ves y consiguete una chica así y deja ya a la víbora derrochadora de la Angelines.”

Con los cafés ya puestos me voy a lo que mejor se me da, poner la oreja desde el rincón del disimulo. Intento hacerlo bien, aunque mis ojos me delatan. Eso de parpadear es para vagos y cuando uno está en pleno chismorreo es momento de trabajar.

Logro ponerme al día, parece que ayer tuvieron una conversación de aupa, ella empieza a hablar sobre algo que parece importante, pero en ese momento entra Gerónimo por la puerta saludando con su DO de pecho, él, siempre tan descortés, sin tener en cuenta que yo estoy de lleno en otros menesteres. Qué malo es el ego- pienso mientras se sienta a ser ignorado. Así que a todas estas, solo alcanzo a oír a Elvira acabando una frase sobre sus padres, que del amor uno no reniega así como así y que le quiere con locura y que se ven mañana. No sé qué ha pasado exactamente, pero qué bien predispuesta está esta chica, se nota que está enamorada ¡Ojala la oyera Angelines!, quien reniega de mi, desde el alba hasta el anochecer, a diario y sin descanso, qué cansina es la jodia. 

El Pere le coge la mano con cariño, como siempre. Aunque creo fielmente que ella podría conseguir algo mejor, a pesar de la barba, siempre he pensado que el chaval tiene buen corazón. Sin embargo, él, que debería estar encantado de la vida, no sonríe ni un ápice, ¡se habrá visto! Con todas las muestras de amor que acaba de recibir. Hay gente que no se contenta con nada, oye. Entonces, sin verlo venir, ella se levanta con un semejante triste, que me parte en dos y entonces le da uno de esos besos, de esos besos sentidos que sabes que dicen más que las palabras. 

Al final nos da la espalda a los dos mientras sale del local con un “Adiós Paco”. Ese soy yo. El que se relame viendo que aquí hay “marro”. Indudablemente voy a tener que desplegar mis dotes detectivescas.

En un esfuerzo totalmente innecesario por ser amable por mi parte, pues es resabido que son un primor, y todo lo feo que tengo lo suplo por gracioso y dicharachero “como un jilguero,decía mi madre. Así que voy y le suelto suelto al Mr. Gafa Macarroni como me gusta llamarle ”¿Qué? la mujer se va hoy de picos pardos? Cómo les gusta a las mujeres ir de picos pardos, ir a pasar la noche fuera con las amigas. A estas edades y siguen haciendo noches de piyama. Vete tú a saber qué hacen esas noches. Yo siempre se lo pregunto a la Angelines. Siempre, siempre me contesta el ná de ná de quien no sabe cómo contestar. Como mucho, dice que hablan, ¿de qué hablará? Tanto rato hablando… Si para decir algo siempre podemos resumir ¿Elvira dice que hablan? Yo creo al final que lo de resumir va a ser cosa de hombres” 

“Ay Paco cuanta razón, así que como buen resumidor te diré, escucha bien a las mujeres, ellas cuando hablan, deciden, así que si las escuchas hablar entenderás las decisiones”

Ejercicio del Ateneu Barcelonés – Narrador Testigo

Narrador protagonista vs Narrador testigo

Poliamor, modernos hasta en la infidelidad

Una mañana más que sabe a una mañana menos. No sé cómo hemos llegado aquí pero salgo corriendo de casa antes de que Elvira salga de la ducha. Siento que necesito un momento para mi. Ella sabe dónde encontrarme, somos animales de rutinas. Bajo las escaleras del edificio acariciando con la mano la barandilla, notando…

Deja un comentario