Hoy quiero hablar sobre desde dónde elegimos darnos un gusto. Como buena foodie entiendo que a veces cuando como solo busco sentir placer y hay momentos concretos en los que me apetece una hamburguesa o un sabor concreto.
Y eso está bien. Si siguiéramos el ayurveda a raja tabla cada día de nuestra vida seguramente nos sentiríamos mejor, pero a mi lo que me interesa sobre todo es cómo se relaciona la comida con las emociones. Así que para empezar tenemos que ver distintos puntos:
- Qué me sienta bien: Sabemos o si no los sabes tienes unos tips en mi web que a vata, pita o kapha le sienta bien cierto tipo de comida y que dependiendo de la época del año varia ligeramente para seguir equilibrados.
- Que no todos los momentos de nuestra vida son iguales y que hay emociones que nos desestabilizan el centro y que debemos también ponerles atención. Si somos muy rígidos en nuestra dieta cuando hay cambios emocionales no nos estamos teniendo en cuenta y por tanto no nos estamos cuidando cómo hace falta.
- Todos tenemos un referente cultural alimenticio y también tenemos que darle importante al factor genético, por generaciones nuestros antepasados se han estado alimentando con ciertos ingredientes y el ayurveda principalmente tiene en cuenta aquellos alimentos procedentes de la india como su propia medicina ayurvédica. Podemos incluirlos, claro, pero no hace falta que ignoremos nuestro origen.
- Que nuestro cuerpo sabe lo que necesita y a veces pide claramente un tipo de alimento.
De este cuarto punto es de lo que quiero hablar hoy.
Esta necesidad que puede salir de lo que normalmente comemos la recibimos como una sensación. El problema reside en el momento en el que esa necesidad momentánea que puede responder al entorno físico (verano, invierno, un resfriado…) que variará nuestro tipo de alimentación la convertimos en un hábito desde el perro de abajo.
Según la Gestalt, la terapia en gestión emocional en la que me estoy formando, podemos actuar desde 3 puntos. Dos de ellos están en desequilibrio y uno de ellos es sano para nosotros.
Tenemos el perro de arriba: Este está lleno de tengo que. Tengo que seguir una dieta. No tengo que comer carne. Tengo que comer ensaladas. Tengo que adelgazarme. No puedo permitirme comer una hamburguesa. Tengo que bajar de peso. No puedo comer a las 12 porque la hora de comer es a las 14.00. Hay un montón de ideas preconcebidas y traspasadas culturalmente o incluso familiarmente que nos marcan unas normas que si las tenemos en cuenta el 100% de nuestro tiempo nos desconectan de nosotros mismos.
Luego tenemos al perro de abajo: El que dice, pues yo lo hago porque me lo merezco. Claro que sí te lo mereces, y celebrarte o premiarte está bien, claro que si. Sin embargo, si vivimos la comida desde este punto (y hablo de la comida porque es en lo que me centro ahora mismo) tampoco estamos escuchándonos y teniéndonos en cuenta pues estar siempre de fiesta pasa factura. Podemos sufrir una resaca en la que nos estamos permitiendo excesos. En este perro encontramos que estamos intentando satisfacer con la comida una insatisfacción que poco tiene que ver con la alimentación, nuestro cuerpo y nuestra energía. Aquí vemos también igual que en el perro de arriba un desajuste emocional que tiene otra raíz, pero estamos tapando.
Encontrar el perro del medio es complejo. Requiere consciencia. Poner atención a nuestras sensaciones. No suele ser muy agradable pues en ocasiones las tenemos muy desatendidas y funcionamos de manera automática. Los exageradamente autoexigentes puede ser que se dediquen a comer una ensalada cuando en realidad están removidos por dentro y lo que necesitan es algo que les arraigue y les proporcione el peso suficiente para equilibrar su vata. Pero aún así comerán hojas que fomentan el aire y estarán alimentando esa inestabilidad. Los del perro de abajo, puede que se permitan tanto que acaben con un exceso de Kapha porque se lo merecen, vayan subiendo de peso y aumenten esa insatisfacción que ya existía en un inicio y que poco tenía que ver con su aspecto físico.
Encontrar el perro de en medio es saber darnos lo que necesitamos en cada momento sin castigarnos. Si la comida es una de las principales fuentes de energía que tenemos y la única que podemos elegir está en nuestras manos tener una buena energía, para nosotros mismos, para nuestra estabilidad, no podemos responsabilizarnos de nada más, simplemente podemos querernos bien. Esa energía es la que compartimos con el mundo y con nosotros mismos. Así que poner consciencia en qué necesita nuestro cuerpo y apagar la mente durante un momento siempre será una buena idea.
La mente es una buena consejera, pero una mala líder.
Hari Om Tat Sat.
Magalí Fajula | Ayurveda de Ciudad
